domingo, 22 de febrero de 2026
En la novela - 1989 - a veces me recreo en la infancia. No hay nada más directo , más inocente, que la infancia. Los peces en la boca de los niños. Al parecer molesta - el talento - en este país. Por ejemplo el talento literario sin clichés .
12. La seriedad del juego.
Sí crecer estaba lleno de mentiras que solo años despues llegamos a comprender tambien era cierto que aquellas mentiras nos alejaban de la infancia y de la niñez. La infancia significaba jugar a pesar de todo. Jugar a pesar de la economía de mercado que asfixiaba la vida de nuestros padres, jugar a pesar del drama del mundo lleno de contradicciones y engaños, jugar sobre la ruinas desmoronadas de la guerra civil, jugar sobre las décadas de dictadura, jugar sobre la memoria de la transición que escupían las televisiones, jugar sobre el eco de las victorías socialistas de los ochenta, jugar sobre lo que quedaba de guerra fría. Jugar con la seriedad de los adultos.
- Diez metros a la derecha. – Dije .
- Confirmado, diez metros a la derecha. – Grito Alberto.
- ¡ FUEGO ! – grito Javier.
Si tirar globos llenos de agua a la gente era divertido tal vez solo eran los daños colaterales de nuestra infancia asilvestrada. Justo cuando los globos volaban y nosotros reíamos de tal forma que se podía parar el tiempo y ahora al recordarlo muchos años después todavía me hace gracia. Así un día comenzamos a colocar pequeñas bombas creadas con agua fuerte y papél de aluminio.
- Todo esta listo. – Grito Alberto.
- Corred - . Grite .
Entonces en mitad del campo se comenzaban a escuchar pequeñas detonaciones : ¡ Boom ! ¡ Boom ! ¡ Boom ! Y el humo blanco elevándose hacia el cielo.
- Estamos preparados para la guerra. – Exclamo Alberto al ver la explosión.
- ¿ Qué guerra ?. – Pregunte.
- La de los rusos – idiota - . – Contesto Alberto.
- Nunca va a haber guerra. – Conteste.
- Mira Yugoslavia. – Dijo Alberto.
Si estábamos preparados para la guerra o no, no lo sabíamos porque no sabíamos lo que significa la guerra . Sin embargo un día cogimos una botella de coca cola, la llenamos de pelotas de aluminio, la agitamos y la colocamos debajo de un coche dónde una pareja se daban besos en un lugar apartado debajo de la sombra de un árbol.
- ¿Por qué no ha explotado… ? – Pregunto Javier.
- No lo sé. – Conteste mirando a Alberto.
- Yo tampoco lo se.
Entonces comenzamos a reir y nos marchábamos del lugar justo cuando una gran explosión detono debajo del coche que por poco no salió ardiendo y empezamos a correr para huír justo cuando se escuchaba – ¡ Hijos de putaaaa ! - . Si los juegos comenzaban a írsenos de las manos, también era cierto que tambien poco a poco se escapaba nuestra infancia .
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