viernes, 21 de agosto de 2026










Como escribía ayer ... en el capítulo 5 - el gran chamán - de la III parte de la novela - 1989 - . Que sirve y funciona como epílogo a la novela. El autor, uno de los personajes de la novela, tal vez el principal, entre conversaciones de borrachos que intentan ayudar al autor a sobreponerse a la depresión y el abatimiento. Entre vuelos psicotrópicos: marihuana y grandes porciones de silocibina, narcotizados por los - nevaditos - . Así fue 2022. La mayoría de la novela trata sobre este época a saltos con mi propia infancia. ¿ Te gusta la hondura que tiene ya la novela ? . Para acabar la novela tengo el material autobriográfico desde aquél año hasta el presente y las vivencias de este pequeña comunidad del anillo alrededor del antiheroe - Orwell - . que durante la novela hincha al autor de setas alucinógenas como un doctor o psiconauta .





III parte.



Si conocieras el tiempo tan bien como yo, no hablarías de perderlo . El conejo blanco, Alicia en el país de las maravillas.





5. El gran chamán.




Salvo Juan sin tierra al que le perseguía el perro negro, lo demás eran una panda de fumetas. Si Estrella errante ganaba al menos para poder fumar y beber trapicheando de aquí para allá con la marihuana de Orwell lo cierto es que se pasaban las tardes fumando yerba y bebiendo cerveza, algo que les hacía felices en mitad de la debacle social. Es más a todos les importaba un pito como habían acabado allí . La vida tiene algo que no es como un trabajo de ocho a diez, la vida tiene algo sobrenatural y a la vez para siempre que llega un término a la gente le da igual todo. Les importaba un pito la monarquía, les importaba un pito la nación, les importaba un pito España, les importaba un pito el mundo , les importaba un pito la religión oficial. Les importaba un pito casi todo. Así un día el diente del que Estrella errante venía quejándose se le cayó. Cando ese día se fue de casa de Orwell refunfuño como un pitufo gruñon como a veces llamaba el autor a Estrella errante y grito: - No hay Dios - y el autor escucho de lejos su lamento. Sin embargo en aquella tragicomedia Alejandro había percibido el final. Si la anestesia colectiva en los albores del siglo XXI era general gracias a la sociedad del confort lo cierto es que el mundo lentamente se depauperaba no solo de una forma social que casi siempre pagan lo más pobres sino que la humanidad misma en miliares acababa con la naturaleza del mundo. No solo con los bosques y océanos , sino que además la gente había perdido el sentido de la existencia. ¿Había tenido alguna vez para alguien el mundo algún sentido?. Si las conversaciones entre porreros continuaban hasta altas horas de la madrugada lo cierto que desde aquél día Estrella errante demasiado viejo ya seseaba al hablar lo cuál daba un espectro tétrico a aquellas veladas de borrachos porque algunos parecían tener más un pie en el otro mundo que en este o si como Orwell no estaban muertos ya, muertos casi en vida, casi sentenciados para el estertor final. Apaleados por la realidad, olvidados por el sistema, perseguidos por la pobreza o las carencias; drogarse como forma de vínculo social era la única escapatoria. Entonces Orwell ejercía de chamán con sus propios cultivos de setas y marihuana. Hablaba del él mismo como un psiconauta, un viajero de las experiencias psicotrópicas de las drogas y hablaba de Las puertas de la percepción de Aldus Huxley y del poder de la silocibina – Esto sirve para curar Alejandro – Explico Orwell ofreciéndole una porción grande de setas, completamente narcotizado por las drogas después de beber y fumar marihuana y nevaditos. – Curate Alejandro – Dijo Orwell mientras el autor se comía la porción de seta sentado en la cocina de Fortuna n.º 40 . - Que se vaya el odio, la rabia, percibe la realidad como es y no como la imaginas y distorsionas – Volvió a decir Orwell – Es todo una ilusión de cosas pasajeras – Termino de decir antes de marcharse y desaparecer por el pasillo completamente borracho. Al quedarse allí solo después de comer las setas más pontentes que habían encontrado, las que mayor carga de silocibina tenían, se quedo perplejo con las últimas palabras de Orwell. – Curate Alejandro – repitiéndose en el eco de su conciencia . Así que Orwell repartió setas a Alejandro y Estrella errante y les dejó allí tirados cada uno en una habitación y se fue al jardín para estar solo. La música de la radio comenzaba a parecer pesada y Alejandro apagó la radio, la luz y se quedo a oscuras en mitad de la cocina. Allí sentado notó como las luces a lo lejos comenzaba a cambiar, sus pupilas comenzaban a dilatarse aún más y solo se escuchaba el silencio de aquella casa con la brisa boqueando por el pasillo y las ventanas abiertas. Orwell ya borracho a veces desaparecía y te dejaba allí solo. Apenas nada se movía pero Alejandro comenzó a sentir el peso de la gravedad, del silencio, el peso de la luz en las pupilas mientras fumaba marihuana y contemplaba el vuelo inutil del humo de la droga. [...]


[...]





1989, arc.

























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Ey mr. DJ